¿Tus empleados están en el puesto adecuado? 5 claves para saberlo

Para el pleno desarrollo personal de tus empleados, y que éste pueda beneficiar a tu empresa, es imprescindible que éstos ocupen los puestos adecuados. Que tus colaboradores desempeñen la tarea adecuada, entre muchas otras cosas, mejorará la motivación de tu equipo y, en consecuencia, su competitividad.

Muchas veces, en ciertas ocasiones, los colaboradores no suelen manifestar su descontento con su puesto de trabajo o cargo por miedo a las posibles represalias, o consecuentes despidos, que éstas puedan conllevar.

Es importante dejar claro que no hemos escrito este post para criticar a las empresas, y mucho menos a sus responsables. Si eres jefe, gerente u ocupas un cargo de responsabilidad en una empresa, sabemos que, muchas veces, cargas con una fama injusta, fruto de los tópicos que habitan el imaginario del “mundo laboral”.

Hemos diseñado este post con el objetivo de darte una guía de cinco puntos, para que le saques partido a tu equipo humano.

El descanso forma parte del entrenamiento

¿Tus empleados cumplen con su horario laboral? ¿Tienen tiempo para dedicarle a su familia o tiempo de ocio? Si no lo tienen, ¿es posible que sea porque se quedan demasiado tiempo en el trabajo, pasado su horario laboral?

No siempre quién trabaja muchas horas produce más. Hay muchos factores que implican que el tiempo en el trabajo se dilate de forma eterna, y no siempre la procrastinación es fruto de la pereza; a veces, solo es un síntoma de que tu colaborador no se siente cómodo desarrollando su trabajo.

Descansar adecuadamente y evadirse del trabajo es importantísimo. Estudia el horario de cada uno de tus colaboradores para que se adecúe, en la medida de lo posible y de las necesidades de tu empresa, a su ritmo de trabajo. No es bueno que nadie se lleve el trabajo a casa y, mucho menos, que se lleve la casa al trabajo.

A veces, el perro y el gato se llevan bien

Una de las cosas que han conseguido las redes sociales, con sus fotos de perritos y gatitos, es desmentir la vieja frase “se llevan como el perro y el gato”. Si no, haz la prueba; el perro y el gato no se llevan tan mal, incluso juegan y se divierten juntos.

Si tu equipo no para de discutirse y está crispado, quizás sea porque las personas que lo forman no están a gusto en su puesto de trabajo y, su manera de manifestarlo es canalizar esa energía discutiendo los unos con los otros.

Si detectas este síntoma en tu empresa, toma las medidas adecuadas, estudia qué puesto ocupan tus empleados en función de sus habilidades. También habla con ellos.

El agua estancada acaba pudriéndose

¿Cuantos años llevan tus colaboradores en tu empresa? o, dicho de otra forma, ¿cuantos años llevan tus colaboradores ocupando el mismo puesto o afrontando los mismos retos de cada año?

Ya debes imaginarte a qué nos referimos… todos necesitamos afrontar nuevos retos para no sentirnos como autómatas destinados a repetir una y otra vez el mismo éxito. ¿Tienes algún desafío nuevo para tu equipo? ¿Tienes algún puesto de trabajo, nueva aventura para alguno de tus colaboradores?

Los errores se repiten y se repiten y se repiten

Si es así, si realmente tu equipo no está formado por ineptos (que seguro que no), es posible que los errores se cometan por falta de motivación y porque tus colaboradores no desempeñan una función con la que se sientan cómodos.

Saber delegar las faenas y trabajos que requiere un proyecto es básico para evitar errores. Fíjate en las habilidades de los miembros de tu equipo, esto te dará pistas a la hora de repartir el trabajo.

“¡No quiero ir!”

Siempre hay días en que uno se quedaría en casa y se dedicaría a otra cosa muy distinta a algo que se pareciera trabajar. Pero si este sentimiento perdura, es posible que no sea un sentimiento pasajero y que el trabajo se esté convirtiendo en una carga dura de llevar.

Trabajo no tiene por qué ser sinónimo de tortura; no siempre los lunes son odiosos. Cambiar las funciones (o cargo) de tus empleados puede suponer para ellos una motivación extra para superar la falta de ganas de ir a trabajar que, no nos engañemos, casi todos tenemos alguna vez.